Ella es una mujer de 20 años que se había auto inmolado.
Cuando era pequeña, sus padres murieron y ella se
quedó con sus tres hermanos. A la edad de 16 años,
estos le obligaron a casarse con un hombre de 40,
quien ya había estado casado dos veces. Ahora estaba
divorciado y vivía con los 6 hijos de sus anteriores
esposas. TURPIKEY no sabía nada de este hombre y
desconocía también que ya había contraído matrimonio
en un par de ocasiones. Uno de los hermanos de
TURPIKEY quería casarse con una de las hijas de
dicho hombre, así que decidió cambiar a TURPIKEY por
la muchacha. De este modo, ella contrajo matrimonio
con un hombre totalmente desconocido. Comenzó a
vivir en casa de su marido, donde siempre la
insultaban y no la respetaban. Tenía que cuidar a
los niños y realizar todas las tareas del hogar. Su
esposo la trataba mal y no le prestaba atención,
sino que sólo pensaba en sus hijos. Aguantó 4 años
sin quejarse hasta que un día, después de haber
realizado las tareas del hogar, le comentó a su
marido que tenía hambre y le pidió dinero para
comprar algo de comida, pero éste no se lo dio y se
marchó a una fiesta. Discutieron, pero él no le hizo
caso. Cuando el hombre salió de casa, su hijo vino a
por ella y le dijo: “Mi padre no te pudo pegar, pero
yo te pego para que aprendas”. Comenzó a golpearla
y, aunque ella escapó y se metió en una habitación,
él entró a la fuerza y la golpeó repetidamente.
Cuando el marido regresó a casa, la mujer se quejó
del comportamiento de su hijo. Una vez más, su
esposo la ignoró y afirmó que la culpa era de ella.
TURPIKEY estaba muy enfadada y desilusionada de su
marido y, al ver que éste no quería vengarla,
anunció que se iba a auto inmolar. Él le respondió
que hiciera lo que quisiera, así que TURPIKEY se
marchó a otra habitación y se auto inmoló con
combustible. Su marido la llevó al hospital y la
policía detuvo al hijo y lo metió en la cárcel por
un período muy corto de tiempo. Ahora ella tiene el
alta y ha vuelto a casa, pero no tiene permiso para
salir de allí. Nosotros la visitamos en casa, pero
como no tiene permiso de su marido no ha podido
venir a la oficina de ACAF. Todavía sufre dolores en
las heridas de la pierna.
Nota de prensa de Diario El Observador (18
abril 2009, pág. 19)
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