|
DIARIO DESDE AFGANISTÁN (6)
(Alfredo García Morales)
Más diarios - 2006 - marzo 2008 - junio 2008 -
noviembre 2008 -
enero 2009 - marzo 2009

El Purgatorio
Herat – Afganistán- 25/03/2009
Vivir en el purgatorio tiene la dificultad
de no saber si uno irá al cielo o al infierno, si su karma
le permitirá evolucionar o retroceder. Lejos de toda
religión, la mención viene al caso, pues en este país,
Afganistán, se está a un paso de los dos destinos, el cielo
y el infierno, evolucionar o no…
Este país luego de ser “recuperado” se le ha forzado a
establecerse firmemente en el medio de dos mundos, y las
opciones pueden ser tan simple como entre la vida o la
muerte, o con el comprometerse a trabajar por la vida y
trabajar para “mi” vida.
La mal llamada comunidad internacional, porque tiene mucho
de común y poco de unidad, ha desembarcado en este país,
donde se pasea con opulencia frente a los nativos que la
miran, ya luego de tantos años, con indiferencia y
resignación, viendo como “su causa” es la excusa de tantos
para experimentar con un pueblo que no necesita experimentos
y sí necesita lo que todos ya conocemos perfectamente,
ayuda, simple y desinteresada ayuda.
Pero esta ayuda no llega, no alcanza, indigna y sobre todo
desalienta a quienes piensan que los experimentos necesitan
ratones y monos para conocer su desenlace, y este pueblo no
es ni uno ni otro, simplemente es un semejante que la vida
ha castigado con todo su peso.
El purgatorio nos da la oportunidad de redimirnos (solo
apelo al concepto, no a la religión ni la teoría de ésta),
pero lo que se ve aquí es que en este purgatorio se puede
comenzar una nueva vida, es un lugar donde uno llegó para
purificar pero que no termina de purificar nunca y
re-comienza con todas sus debilidades “humanas”.
La gran mayoría de las personas que vienen en misión a
Afganistán lo hacen con la sana intención de colaborar con
un país y un pueblo que realmente lo necesita, que se ve a
todas luces que está al borde del precipicio y se le sigue
empujando. Las personas que por estos lugares desean poner
en práctica su inquietud, sus ganas o vocación de servicio,
sin por ello renunciar, como es lógico, a una vida propia,
las cuales sin lugar a dudas se destacan de la mayoría por
su valor y convicción, no deja de ser un ejercicio de ego
personal por el cual canalizamos nuestras necesidades de
servicio. Pero que en definitiva es nuestra necesidad y no
la del otro, y la aplicamos, en la mayoría de los casos, a
nuestra manera.
Afganistán hoy está peor que ayer y mejor que mañana, los
talibanes están rodeando las ciudades y ya controlan gran
parte del país. La corrupción enquistada hace mellas a todos
los niveles, la droga genera el 90% del PBI, y echa mano
todo el que puede. La injusticia, la impunidad es absoluta,
donde 30 años de guerra han impedido que se haga justicia y
los verdugos siguen siendo los señores. La comunidad
internacional ha invertido tanto dinero en este país que si
se hubiera utilizado de buena manera, hoy absolutamente
todos los afganos nos enseñarían como se debe vivir.
Ayuda en seguridad, donde se gastan fortunas inmensas, que
se contabiliza en la “ayuda” al pueblo afgano y con esa
misma plata se ha matado por “error” a más de 4.000 afganos,
y no son solo números, son más de 4000 historias reales, de
personas como la de un joven de 14 años que cuando siente
los aviones sale corriendo y luego de que la bomba cae, ve
pasar sobre su cabeza, pedazos de su padre, madre y
hermanos.
Donde se financian tantos ejércitos que se disparan entre
ellos porque ni siquiera están coordinados y tienen tanto
miedo que ante la duda disparan sin preguntar.
Es por esto que desde lo macro a lo micro, este país sigue
“sufriendo” la ayuda internacional, desde organismos
internacionales monstruosamente grandes, donde el objetivo
se diluye tanto que es absolutamente inútil su trabajo,
comunidad de países que quieren “ayudar” al pueblo regalando
comida, que ahora se vende en las tiendas del país y
beneficia solo a los “vivos” de siempre.
Pero detrás de toda esta “ayuda” hay personas, personas
preparadas y lo más profesional de la comunidad
internacional, con unos salarios que no dejan lugar a
preocupaciones “mundanas”, pero que sin embargo no se dan
cuenta que más de siete años de ayudar solo le han causado
dolor al pueblo afgano y vergüenza a la comunidad
internacional.
Personas que ya no están trabajando por la vida, sino para
su propia vida, pues haciendo mal su trabajo como se está
haciendo deberían tener un poco de autocrítica y renunciar,
no seguir ocupando cargos que no saben ocupar o que después
de tantos años no ha tenido resultados.
Este país no es un país que admita errores, ni experimentos.
No se puede aprovechar la coyuntura para escalar posiciones
y obtener ganancias.
Si es verdad que el purgatorio existe y sirve para conocer
el destino de cada uno, ese lugar se llama Afganistán y son
más los que van para abajo que los que suben al cielo.

|