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Mejor dicho, las fuerzas de la OTAN y los EE.UU. se han especializado en llevar a cabo redadas nocturnas frustradas en las que asesinan a civiles, incluso a embarazadas, como ocurrió en febrero en la provincia de Paktia.
Por Julien Mercille
Asia Times Online, 6 de mayo de 2010
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) está causando la pérdida del apoyo popular en Afganistán, según un informe del Consejo Internacional de Seguridad y Desarrollo (ICOS, por sus siglas en inglés) que deja clara constancia de los peligros que supondría la operación militar contra Kandahar planeada para este verano.
No hay ninguna duda de que la Operación Moshtarak ha disgustado a los afganos: el 61% de los encuestados afirma que confía menos en las fuerzas de la OTAN ahora que antes de la ofensiva. Esto se lo pone fácil a los insurgentes, ya que el 95% de los entrevistados considera que en la actualidad cada vez más jóvenes afganos se unen al movimiento talibán. Además, el 67% no apoya la fuerte presencia de las fuerzas de la OTAN y la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad) y el 71% quiere simplemente que las tropas extranjeras abandonen por completo el país. Los habitantes no tienen mucha fe en la estrategia de “despejar y asegurar” la zona de la OTAN, ya que el 59% piensa que los talibanes volveran a Marjah una vez se haya calmado la situación, y, en cualquier caso, el 67% no confía en que la OTAN y las fuerzas de seguridad afganas puedan derrotar a los talibanes. |
Asia Times Online, 6 de mayo de 2010 |
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En vez de proteger a la población de los insurgentes, la OTAN está aumentado en realidad las probabilidades de que los afganos pobres se unan a los talibanes. Esto no supone un buen informe para el General Stanley McChrystal, el comandante al mando de las operaciones en Afganistán, cuyas estrategias parecen hacer aguas.
El informe, titulado Operacion Moshtarak: Lecciones aprendidas(1), se basa en una serie de entrevistas realizadas durante el mes pasado a más de 400 hombres afganos de Marjal, Lashkar Gah y Kandahar con el fin de conocer sus puntos de vista acerca de la operación militar para expulsar a los talibanes, puesta en marcha en febrero en la provincia de Helmand, y sus repercusiones.
Este corrobora evaluaciones precedentes, como la publicada por el pentágono la semana pasada que concluía que el apoyo popular a la insurgencia en el sur pastún había aumentado durante los últimos meses. Ni uno de los 92 distritos clave para las operaciones de la OTAN apoyó al gobierno, mientras que el número de distritos simpatizantes y partidarios de la insurgencia creció de los 33 en diciembre de 2009 a los 48 en marzo de este año. (2)
No hay ninguna duda de que la Operación Moshtarak ha disgustado a los afganos: el 61% de los encuestados afirma que confía menos en las fuerzas de la OTAN ahora que antes de la ofensiva. Esto se lo pone fácil a los insurgentes, ya que el 95% de los entrevistados considera que en la actualidad cada vez más jóvenes afganos se unen al movimiento talibán. Además, el 67% no apoya la fuerte presencia de las fuerzas de la OTAN y la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad) y el 71% quiere simplemente que las tropas extranjeras abandonen por completo el país. Los habitantes no tienen mucha fe en la estrategia de “despejar y asegurar” la zona de la OTAN, ya que el 59% piensa que los talibanes volveran a Marjah una vez se haya calmado la situación, y, en cualquier caso, el 67% no confía en que la OTAN y las fuerzas de seguridad afganas puedan derrotar a los talibanes.
El enfado es muy fácil de entender. Mientras que los grupos de ayuda y en defensa de los derechos humanos han estimado que el número de civiles asesinados durante la Operación Moshtarak era menor de 50, la gran mayoría de los entrevistados considera que las víctimas mortales ronda los 200, es decir, aproximadamente un tercio del numero de insurgentes asesinados; un “daño colateral” claramente demasiado alto para ganarse el apoyo popular, si es que tal daño puede llegar a justificarse de algún modo. Además, la operación contra Marjal obligó a unas 30.000 personas a abandonar sus hogares, la mayoría forzados a alojarse en campos de refugiados de los alrededores con insuficientes recursos alimenticios, servicios médicos o cobijo. Estos campos son un buen centro de reclutamiento para los talibanes.
Los habitantes de la localidad sugieren que la principal razón que lleva a sus jóvenes a unirse al movimiento talibán es que esto les proporciona trabajo y dinero, incluso si no comparten las convicciones ideológicas de los líderes. Es más, la mayoría de los que se unen a las filas de la insurgencia suelen estar desempleados y privados de sus derechos. Una solución podría ser, por tanto, invertir más fondos en reconstrucción y desarrollo con el fin de crear puestos de trabajo. Sin embargo, esto nunca ha sido una de las prioridades de la OTAN: sólo los EE.UU. han gastado 227 mil millones de dólares en operaciones militares en Afganistán desde 2001, mientras que todos los donantes internacionales juntos han invertido en ayuda para el desarrollo menos de un 10% de esa cifra.
Para empeorar aún más la situación, la OTAN pretente acabar con la industria farmacéutica, la cual supone un 30% de la economía total del país y es, a menudo, la mayor fuente de ingresos de los agricultores pobres. Según el informe del ICOS, un 66% de los encuestados se opone a esta medida; un dato para nada sorprendente si tenemos en cuenta que la provincia de Helmand cultiva más de la mitad de las adormideras del país y produce aproximádamente un 60% del opio, de hecho muchos le otorgan a Marjah el sobrenombre de “la capital del opio” de Helmland. Ni siquiera la nueva política de la OTAN que pagará a los agricultores un incentivo por que eliminen sus propios cultivos evitará un descenso de la economía, ya que no se ofrecen otras alternativas sostenibles de ganarse la vida.
El sondeo también hace referencia a un paradójico descubrimiento: pese a las percepciones negativas acerca de la OTAN, dos tercios de los entrevistados considera que las tropas extranjeras deberían expulsar a los talibanes de las carreteras que unen Lashkar Gah con Kandahar y Kabul, y llevar a cabo una operación en contra de los insurgentes en Kandahar.

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Cuatro civiles fueron asesinados cuando los soldados estadounidenses dispararon a un autobús el pasado 11 de abril de 2010. Unos 200 hombres tomaron las calles de Kandahar para protestar por estos asesinatos, ocurridos en una autopista a las afueras de esta ciudad al sur de Afganistán, quemando neumáticos y gritando “Muerte a América, muerte a Karzai, muerte a este gobierno”. (Fotografía: AFP)
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Esta aparente contradicción puede explicarse en términos inmediatos debido al hecho de que los habitantes de la localidad desean viajar y llevar a cabo sus negocios de una forma más sencilla. Desde una perspectiva más amplia, parece ser que a los habitantes de la zona no les gustan los talibanes ni las tropas extranjeras. Como resume de forma clara y concisa un prominente líder tribal de Kandahar: “El 10% de la población está a favor de los talibanes, otro 10% del lado del gobierno y el 80% restante es contrario tanto a los talibanes como al gobierno y los extranjeros.”
Los orígenes de esta grave situación de inseguridad a la que se enfrenan muchos afganos fueron explicados por el alcalde de Kandahar, Ghulan Haider Hamidi, quien declaró: “Fue la comunidad internacional quien se acercó a los señores de la guerra después de los talibanes y los trajo de vuelta”, lo que ha tenido pésimas consecuencias hasta el día de hoy. (3)
Estos puntos de vista los comparten los afganos democráticos, como la miembro del parlamento Malalai Joya y la Asociación de Mujeres Revolucionarias de Afganistán (RAWA), que llevan años haciendo campaña tanto en contra de los talibanes y los señores de la guerra como de sus apoyos en la OTAN. Sin embargo, sus ideas han sido totalmente ignoradas por los gobiernos de coalición.
Mejor dicho, las fuerzas de la OTAN y los EE.UU. se han especializado en llevar a cabo redadas nocturnas frustradas en las que asesinas a civiles, incluso a embarazadas, como ocurrió en febrero en la provincia de Paktia. McChrystal ha aumentado estas redadas de las Fuerzas de Operaciones Especiales desde que se convirtió en el comandante líder en Afganistán, unas técnicas que ya había perfeccionado previamente en su puesto como comandante del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC, por sus siglas en inglés) de 2003 a 2008. Aunque las muertes civiles causadas por ataques aéreos han descendido, las causadas por las redadas nocturnas ha aumentado, tanto que en la actualidad la ONU estima que representan la mitad de los civiles asesinados por las tropas extranjeras. Esto ha contribuido a que el número de muertes civiles haya aumentado un 33% en comparación con el mismo periodo del año pasado y haya traído consigo la ira del pueblo afgano. (4)
Para finalizar, un 74% de los entrevistados por ICOS apoya las negociaciones y el diálogo con los talibanes, una clara señal de que los afganos están hartos de la guerra. Puede que dar lugar a los líderes talibanes en un proceso político que ya está dominado por individuos con un largo historial de violaciones de los derechos humanos no sea la solución ideal; no obstante, teniendo en cuenta que, en la práctica, es poco probable que la OTAN se esfuerce por llevar a juicio a los señores de la guerra con los que se alió, puede que esta sea la mejor alternativa política a corto plazo.
Notas:
1. El Consejo Internacional de Seguridad y Desarrollo, previamente conocido como el Consejo de Senlis, es un comité de expertos internacional famoso por su labor en Afganistán y otras zonas de conflicto como Irak y Somalia. Es un proyecto del Fondo Mercator de la Red de Fundaciones Europeas (NEF, por sus siglas en inglés). En la actualidad el ICOS desarrolla tres programas: Seguridad global, Seguridad pública y Salud pública y control de los fármacos.
2. Alissa J. Rubin, US report on Afghan war finds few gains in six months. New York Times, 29 de abril de 2010; Gareth Porter, Pentagon map shows wide Taliban zone in the South. Inter Press Service, 1 de mayo de 2010.
3. Kathy Gannon, Afghans blame both US, Taliban for insecurity. Associated Press, 16 de abril de 2010.
4. Gareth Porter, Pentagon map belies Taliban's sphere. Asia Times Online, 4 de mayo de 2010.
Julien Mercille es profesor universitario en la University College Dublin, Irlanda. Está especializado en política exterior de los EE.UU. y geopolítica. Se puede contactar con él a través de su dirección de correo electrónico jmercille@gmail.com.
Traducción: David Alonso Hevia
Localización web: Cristina Navas Villalonga |