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La familia cuenta siete muertes, no cinco, ya que dos mujeres estaban embarazadas.
Jerome Starkey, Afganistán
The Times, 15 de marzo de 2010
Una familia cuyos miembros fueron asesinados durante un intento frustrado de redada nocturna al este de Afganistán ha rechazado “el dinero manchado de sangre” del Gobierno y promete llevar a cabo atentados suicidas a no ser que los culpables sean llevados ante la justicia.
Dos embarazadas, una adolescente, un policía y su hermano fueron heridos de muerte el pasado 12 de febrero por unos asaltantes armados cuya identidad se desconoce. Ocho hombres fueron arrestados en la redada efectuada en el pueblo de Khataba, situado en la provincia de Paktia. Todos ellos han sido puestos en libertad.

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Haji Sharabuddin junto a
la tumba de su hijo (Fotografía: The Times) |
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Nadie se ha atribuido la responsabilidad de los asesinatos. Una autoridad estadounidense en Kabul se negó a identificar la fuerza conjunta implicada, alegando “importantes intereses estratégicos y de seguridad nacional”.
En el pasado, las Naciones Unidas criticaron a las agencias de inteligencia que operan en Afganistán por utilizar grupos paramilitares para perpetrar “asesinatos extrajudiciales”. Si esta fuerza estaba controlada por la CIA o los servicios de inteligencia nacionales de Afganistán ésta quedaría exenta de las nuevas directrices de la OTAN dirigidas a la restricción de las redadas nocturnas, las cuales entraron en vigor el 23 de enero.
Los ancianos locales entregaron al cabeza de familia 2.000 dólares (1.400 €) en compensación por cada una de las víctimas. Haji Sharabuddin, después de que las protestas movilizaran a Gardez, la capital de la provincia de Paktia: “No quiero dinero. Quiero justicia”, declaró. “En nuestra familia ya no nos importan nuestras vidas. Todos llevaremos a cabo atentados suicidas y [la provincia entera] nos apoyará”.
La OTAN ha alegado que la fuerza de asalto encontró los cuerpos de las mujeres “atados, amordazados y asesinados”. En su comunicado original también se añadía: “Varios insurgentes se enfrentaron a la fuerza conjunta en un tiroteo y fueron asesinados”.
Una investigación realizada por el periódico británico The Times en la escena del crimen y sus alrededores reveló que estas afirmaciones no eran ciertas. Aunque la familia afirma que ellos no dispararon, lo cual no ha podido verificarse de forma aislada, que ninguno de los muertos era insurgente. Los familiares mantienen que las mujeres fueron asesinadas durante la redada, no antes.
Los funcionarios de la OTAN seguían informando ayer a los periodistas en Kabul que las mujeres habían sido víctimas de un crimen “de honor”. Sin embargo, no explicaron porqué los cuerpos habían permanecido en la casa durante la noche, incumpliendo la tradición islámica, ni porqué la familia habría invitado a 25 personas para celebrar la ceremonia de imposición del nombre a un recién nacido (similar a un bautizo en la religión católica) la misma noche. La OTAN niega las acusaciones de que esto sea una tapadera.
Según informa The Times, un documento sin fecha enviado por las fuerzas estadounidenses al comandante Dawood, el policía asesinado, estas le alababan por su trabajo y su “dedicación y disposición para servir al pueblo afgano”. Prometían que él seria el encargado de “asegurar la estabilidad de su país durante muchos años”.
El hermano del comandante Dawood, Saranwal Zahir, era fiscal del distrito en Ahmadabad, situado también en Paktia. Las dos mujeres casadas estaban embarazadas de cuatro y cinco meses. La adolescente, Gulalai, estaba prometida e iba a casarse este verano.
“Antes, cuando oía hablar sobre redadas como esta y los ancianos se quejaban de que [las tropas extranjeras] sólo venían a colonizar Afganistán, yo les decía que estaban aquí para ayudarnos” dijo Sayed Mohammed Mal, el vicerrector de la Universidad de Gardez, cuyo hijo Mansoor era el prometido de Gulalai. “Sin embargo, al presenciar lo ocurrido en la casa de mis familiares me di cuenta de que estaba equivocado. Ahora estoy de acuerdo con todo lo que aquella gente me decía. Odio [a los ejércitos extranjeros]. Odio al Gobierno.”
Las autoridades afganas insisten en que la redada fue un error. Ninguna de las personas entrevistadas por The Times declaró que la familia tuviese relación alguna con los talibanes.
“Mi padre se llevaba bien con los americanos y fueron ellos quienes lo mataron”, comentó Abdul Ghafar, hijo del comandante Dawood, mientras sostienía una deteriorada fotografía en la que se podía ver al policía junto a tres soldados estadounidenses. Uno de ellos rodeaba a Dawood con el brazo. “Mataron a mi padre. Yo quiero matarlos. Quiero que los asesinos sean llevados ante la justicia”.
La familia sospecha que un espía puede haber engañado deliberadamente a la fuerza de asalto y le ha pedido al presidente Karzai que se lo entregue.
“Si el Gobierno no nos entrega al espía, llevaré un Santo Corán al palacio presidencial y preguntaré '¿Porqué no nos ayudáis? ¿Por qué dejáis que los estadounidenses realicen estas operaciones?” prometió la madre de Dawood, Bibi Sabsparie. Haji Sharabuddin, su marido, dijo que quería ver al espía disparado, colgado y quemado.
“Los extranjeros siempre están hablando de derechos humanos. Sin embargo, ellos no se preocupan de los derechos humanos” afirmó el padre de Gulalai, Mohammed Tahir. “Nos enseñan sobre derechos humanos y luego ellos matan un montón de civiles. No han venido aquí a acabar con el terrorismo. Son terroristas.”
Mohammed Sabir, cuya mujer, Bibi Shirin, fue asesinada, propuso venganza: “Si los estadounidenses no nos entregan al espía, que nos entreguen a siete de los suyos y les mataremos.”
La familia cuenta siete muertes, no cinco, ya que dos mujeres estaban embarazadas
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De izq. a dcha: 1) Bibi Saleha, de 37 años, tenía 11 hijos. 2) La otra víctima, Gulalai, de 18, estaba prometida. 3) Bibi Shirin y su hija Tamana. Los rostros de estas mujeres han sido pixelados en estas fotografías a petición de sus familias. (Fotografías: The Times) |
Traducción: David Alonso Hevia
Localización web: Cristina Navas Villalonga |