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| Nadia Anjuman |
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Naciones
Unidas ha condenado este asesinato. "La muerte de Nadia
Anjuman, según las informaciones, es en efecto trágica y una
gran pérdida para Afganistán", afirmó Adrian Edwards,
portavoz de la ONU, en rueda de prensa. "Hay que llevar a
cabo una investigación, y los responsables tendrán que
comparecer ante el tribunal de justicia pertinente" (AFP a
través de Pakistan Daily Times, 8 de noviembre; BBC, 6 de
noviembre).
Esto es un
indicativo de la persistente vulnerabilidad de las mujeres
en Afganistán. Irónicamente, la provincia de Herat ha sido
testigo de la elección de Fauzia Gailani, defensora de los
derechos de las mujeres y monitora de fitness profesional,
para el parlamento de Afganistán en una convulsa victoria.
Sus pancartas electorales "vendidas en un mercado secundario
lleno de hormonas", la llevaron al puesto más alto en las
elecciones con casi 17.000 votos y eclipsaron a los
poderosos aliados del antiguo gobernador de la provincia, el
jefe militar Ismail Khan. Los resultados muestran que aunque
las candidatas no obtuvieron más escaños que los 68
reservados para ellas de acuerdo con la constitución, muchas
habrían sido elegidas incluso sin el sistema de cuotas
(India Daily, 24 de octubre).
Gailani se
compromete a formar el primer partido para las mujeres en
Afganistán. "No se considera a las mujeres como seres
humanos, sino como a objetos con los que se puede comerciar,
vender o comprar", afirma. “No hay suficientes derechos para
las mujeres en este país: no pueden estudiar, no pueden
trabajar". Es especialmente contraria a los matrimonios
entre menores de edad, algo común en Afganistán. "Yo tengo
experiencia: me casé con 12 años y tuve a mi primer hijo con
13, y odiaba esa vida", explica (Sify, 5 de noviembre).
Los
resultados también otorgaron un escaño en el nuevo
parlamento a otra activista a favor de los derechos de las
mujeres, Malalai Joya, de la provincia de Farah, que saltó a
la fama cuando se atrevió a criticar a los temidos jefes
militares en la Loya Jirga hace 2 años (y por ello recibió
amenazas de muerte) (Middle East Times, 17 de octubre).
(NOTA: algunos informes indicaron que Malalai Joya quedó
sólo en segundo puesto en Farah.)
Incluso si la muerte de Anjuman tuviera más que ver con el
hecho de ser mujer que con el de ser poetisa, hace poco
descubrimos que ser escritor en Afganistán es una vocación
bastante peligrosa, y lo mismo ocurre con la de editor.
Trad.: Laura
Blanco Moro
(Facultad de Traducción y Documentación, Universidad de
Salamanca) |