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Se critica que el país se está convirtiendo en un narcoestado delante de las narices de las
fuerzas de paz de la OTAN
The Independent
Londres, 3 de octubre de 2005
Por Justin Huggler, desde Laghman, Afganistán
Según informaciones procedentes de Afganistán, los agricultores afganos se han visto obligados a entregar a sus
hijas a los narcotraficantes para saldar las deudas contraídas a causa de un programa británico de erradicación de opio, que les
prohíbe cultivar esta planta.
Esta medida es la última de las llevadas a cabo por parte del gobierno británico para frenar la industria del opio
afgana.
El opio domina la economía afgana, constituyendo el 60% de los ingresos. Se critica que el país se está convirtiendo en un narcoestado
delante de las narices de las fuerzas de paz de la OTAN y de los gobiernos occidentales que participan en la reconstrucción.
Las últimas expropiaciones provienen de la provincia de Nangahar. Los británicos a cargo de la lucha contra el
opio en Afganistán las han considerado uno de sus mayores éxitos. El cultivo del opio descendió un 96% este año, parte del 21% que
descendió en toda la nación.
Pero ahora los agricultores hacen presión y alegan que, debido a la pérdida forzosa de sus cosechas de amapolas
de opio, no pueden saldar las deudas con los narcotraficantes que les habían prestado el dinero para comprar las semillas.
La desesperación les ha llevado a adoptar una práctica tradicional afgana que consiste en que una familia puede saldar sus deudas
entregando una hija a un pariente del acreedor. Normalmente se celebra un matrimonio para mantener las formas, pero, no obstante,
se trata a la mujer como a una propiedad del hombre
Este es un problema conocido para Mohamed Hanif Isamuddin, vecino de la provincia de Laghman, cerca de Nangahar.
Ha abandonado su cosecha de opio debido a la presión que ejercen las autoridades. Por un acre (0,41 hectáreas) de sus amapolas de
opio, puede ganar 150.000 afganis (alrededor de 3.000€). Si siembra el mismo acre con trigo, sólo gana 6.000 afganis.
El Sr. Isamuddin, de 68 años, explica que cuando las autoridades locales comenzaron por primera vez a presionar
a los agricultores para que dejasen de cultivar opio, los occidentales prometieron que les ayudarían a producir cosechas alternativas
proporcionándoles semillas gratis, y sin embargo, al final no recibieron nada.
Este ciudadano dejó de cultivar opio voluntariamente cuando escuchó que el Gobierno iba a tomar medidas drásticas.
Pero afirma que, más allá en el valle, unos helicópteros rociaron los campos de opio con insecticida.
Los británicos a cargo de la tentativa de frenar el comercio de opio aseguran que no se ha fumigado nada. Aunque
los estadounidenses propusieron utilizar insecticida, la propuesta se rechazó debido a la oposición por parte del gobierno afgano.
"El Gobierno está haciendo lo correcto", dijo el señor Isamuddin. "Según nuestra religión el opio está prohibido.
Pero si tienes que darle de comer a tu familia, haces lo que debes hacer".
"Si las personas aquí no pueden ganar lo suficiente para alimentar a sus familias, volverán a cultivar opio." A
pesar de que no ha tenido que tomar medidas tan drásticas como las de algunos agricultores de la provincia vecina de Nangahar, su
hijo tuvo que marcharse de casa a Irán para buscar trabajo.
Por lo menos el hijo del señor Isamuddin se fue de casa voluntariamente. Richard Danziger, miembro de la Organización
Internacional para la Migración, dice que cuando los agricultores del norte de Afganistán logran una buena cosecha, significa que
no tendrán que vender a sus hijas.
En el paisaje árido de Afganistán no hay ninguna cosecha que dé los mismos resultados que la del opio.
Un comité francés de expertos pidió que se legalizara cierto cultivo de opio en Afganistán. El Consejo Senlis señaló
la ironía que existe: mientras hoy en día Afganistán contribuye con un 87% a la cantidad de opio ilegal del mundo, en Afganistán
y en todos los países en vías de desarrollo hay poco abastecimiento de medicamentos a base de opio.
Un grupo de países, incluyendo Australia, India y Turquía, cultivan opio de manera legal para uso médico con licencias
concedidas por las Naciones Unidas.
Según Jorrit Kamminga, miembro del Consejo Senlis, las compañías farmacéuticas se oponen a la producción de versiones
baratas de sus medicamentos a base de opio.
La propuesta del comité consiste en que el opio cultivado de manera legal en Afganistán puede satisfacer las necesidades
médicas internas del país, e incluso puede exportarse opio para dicho fin. Pero el gobierno afgano denegó la propuesta tras ser
desechada por EE.UU. y por la Oficina de control de drogas de la ONU.
El gobierno afgano argumentó que no podía poner vigilancia para asegurarse de que el opio cultivado de manera legal
no se introducía en el mercado negro.
Trad.: Laura Blanco Moro (Universidad de Salamanca) |