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Trágicas verdades:
Al menos 6,5 millones de personas de una población de entre 21 y 26 millones dependen de los
envíos humanitarios de comida y corren un riesgo considerable de sufrir hambruna.
La esperanza de vida de Afganistán está entre las más bajas del mundo: sólo 44,5 años de media.
Uno de cada cinco niños muere antes de cumplir los cinco años.
Unos dos millones de afganos viven en la actualidad fuera de su país, principalmente en Irán
y Pakistán.
En Kabul, aproximadamente 500.000 personas no tienen hogar o viven en casas portátiles.
Únicamente el 40% de los niños afganos está vacunado contra las principales enfermedades, y
sólo el 25% de la población tiene acceso a agua potable salubre y a recursos sanitarios apropiados. Sólo hay
un doctor por cada 6.000 personas, y una enfermera por cada 2.500.
Se tiene constancia de unos 72.000 casos nuevos de tuberculosis cada año. De éstos la mayoría
de los que acaba en muerte corresponde a las mujeres.
Hasta 100 personas mueren o resultan heridas como consecuencia de las minas y las bombas sin
explotar cada mes.
Cada año unos 400.000 afganos sufren las consecuencias de los desastres naturales.
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AlertNet, 20 de junio de 2005 |
Continuó insistiendo que los agentes de policía y de la
fiscalía no deben devolver a las mujeres y niñas que escapan de la violencia doméstica a sus familias a menos que se
les pueda garantizar realmente la seguridad, se creen y refuercen los centros de acogida para mujeres amenazadas y las
donaciones para Afganistán queden condicionadas al cumplimiento de los derechos humanos y la protección de las mujeres.
"El momento actual representa una oportunidad única que
no debemos desaprovechar", declaró.
La mayoría de las personas con las que había hablado mencionó
los matrimonios forzosos e infantiles como la causa principal de violencia contra las mujeres, señaló la Sra. Ertürk.
"Además de ser en sí tremendas formas de violencia, los matrimonios forzosos e infantiles, combinados con la poligamia,
aumentan considerablemente la posibilidad de que las mujeres sufran tratos violentos dentro de la familia, incluida
la violencia sexual a manos de otros hombres mucho mayores", añadió.
Citó "un ejemplo terrible que me afectó tremendamente"
de una niña de ochos años, ahora bajo protección, a la que vendió en matrimonio su madre cuando tenía seis años a pesar
de que ni el Código Civil ni la Sharia islámica acepten que una niña de esa edad pueda casarse.
"Esta niña y otras como ella con las que he hablado, y
que no tuvieron la suerte de encontrarse en un entorno protector, reciben abusos físicos y sexuales. Y no sólo por parte
del marido designado, sino también, hasta que éste crece, por otros hombres de la familia", indicó. "Me comentaban en
una reunión gubernamental hace unos momentos que algunas niñas son vendidas en matrimonio a familias que, a su vez,
las utilizan para vender su sangre o como prostitutas", continuó.
"Sólo en un porcentaje insignificante de casos se les imponen
sanciones a los causantes de violencia doméstica", apuntó, añadiendo que muchas mujeres no tienen otra alternativa que
soportar esta violencia puesto que las mujeres solas no tienen sitio en la esfera pública y se las considera automáticamente
sospechosas de llevar a cabo actos sexuales ilícitos.
"Si una niña o una mujer pasa la noche fuera del control
de su familia, esto puede constituir un punto de no retorno en su vida. La estigmatización que dicho acto comporta a
menudo imposibilita su vuelta al hogar, puesto que o se le niega o, si se acepta su regreso, es para someterse a un
castigo, que a menudo acaba en muerte".
Mencionó el caso de una mujer llamada Ameena, que murió
lapidada o apaleada debido a una "fatwa de las autoridades locales".
"La violencia debe finalizar. No existe razón alguna en
este mundo para justificar ninguno de estos actos, y si el gobierno quiere obtener legitimidad y credibilidad, tiene
que encontrar maneras de solucionar esta situación", afirmó.
También hizo mención a casos de autoinmolación en la ciudad
de Herat. "Estas niñas se están matando prendiéndose fuego porque no tienen otra opción para huir de la violencia en
sus vidas", declaró. "Se están suicidando para huir de una vida llena de violencia, no sólo a manos de sus maridos o
padres, sino también a veces de sus suegras, aunque parezca sorprendente. De modo que ser mujer no significa que no
se pueda ejercer también la violencia, desgraciadamente".
Trad.: Jesús Torres del Rey |