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Marian tapa su rostro con un cartel en persa:
"Libertad, democracia para las mujeres afganas". (LUIS MAGÁN)
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En Afganistán, "las mujeres que van a la universidad
o al trabajo lo hacen arriesgando sus vidas"
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Pero tras miles de kilómetros de huidas, de idas y venidas
a escondidas a su país, que terminaron por borrarle su verdadero nombre, ahora ha recorrido otros cientos de kilómetros
para hacer campaña. Marian es su nombre de guerra, porque su actividad exige el anonimato. Llega a España para pedir
apoyo económico, moral y político para las 20 candidatas que se presentarán el próximo 18 de septiembre a las elecciones
parlamentarias de Afganistán. Una profesora, una estudiante, una mujer de una comunidad nómada... Son algunas de las
intrépidas cabezas de lista.
Viene sola, invitada por la asociación española Paz Ahora
y en representación de la Asociación Revolucionaria de Mujeres Afganas (RAWA), pero con las ideas claras. "La teoría
está muy bien. La nueva Constitución reconoce la igualdad entre hombres y mujeres, pero no es más que una buena declaración
de intenciones", dice en un perfecto inglés. "La realidad es que las mujeres que van a la escuela, a la universidad
o al trabajo lo hacen arriesgando sus vidas. El país, a excepción de Kabul gracias a las fuerzas de seguridad internacionales
y de los medios de comunicación, está sumido en una pobreza arrastrada de años y existe una tremenda inseguridad".
Marian recuerda a la presentadora de televisión que mataron
hace unos meses en su propia casa, el reciente conflicto por el hecho de que
apareciese una mujer cantando en televisión, la cascada
de casos de suicidio y de intentos de inmolación que se registran en los hospitales, los atentados..., y se pregunta
si se puede hablar de democracia cuando ésa es la realidad de un país.
"La democracia afgana es una pantomima. Es títere el Gobierno
de Karzai y títere la oposición. Ambos, apoyados por Estados Unidos. En las elecciones presidenciales del pasado mes
de octubre ganó Karzai porque no había otra alternativa al fundamentalismo religioso y, ahora, cada vez se acerca más
a ellos y hace más concesiones porque la realidad es que siguen teniendo el poder". Pese a todo, está convencida de
que aún existe una esperanza, que pasa por el sacrificio, el esfuerzo, la entrega (a veces incluso de la propia vida)
de las afganas y los afganos. "Y, para eso, hace falta tiempo y apoyo internacional en todos los sentidos. La gente
tiene mucho miedo y muy poca costumbre de tomar la iniciativa".
Ésa es ahora su principal labor en Afganistán. Movilizar
a las mujeres, animarlas a que alcen la voz para defender sus derechos y los de su población, convencerlas de que voten
a conciencia ahora que se les presenta la oportunidad. Su campaña ha empezado en España, donde asegura que RAWA tiene
grandes apoyos y donde se ha reunido ya con la secretaria de Estado de Asuntos Exteriores, Leire Pajín, y con un representante
del Gobierno en Moncloa. "Aunque de momento no sé si he tenido mucho éxito", comenta.
Dentro de unos días, tras visitar otras ciudades españolas,
volverá a su otra vida. También sola. Allí la esperan su marido y sus hermanas en Kabul, un burka, un silencio impotente,
un secreto vital que oculta a todos sus amigos y vecinos, pero que aquí, en España, ha gritado.
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