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La organización de Socorro Católico CRS (Catholic Relief Services) teme que puedan haber muerto
alrededor de 1.000 niños debido a la ola de frío (AFP, 25 de febrero de 2005).
The Daily Telegraph (Londres), 2 de marzo de 2005
Por Tom Coghlan. Tulak, provincia de Ghor
En una provincia remota de Afganistán, incomunicada debido al peor invierno registrado en el país desde hace 15
años, The Daily Telegraph ha encontrado pruebas de la muerte de más de mil niños en las últimas tres semanas.
Un equipo de The Daily Telegraph acompañó a tres miembros del Socorro Católico a Tulak, enclavada en la montañosa
provincia de Ghor. Se trata de los primeros cooperantes en acceder a este distrito desde que quedó incomunicado, y lo hicieron a
caballo y a pie.
Según las entrevistas llevadas a cabo en más de 20 pueblos situados en los valles de Tulak y del distrito colindante
de Shahrak, podría haber muerto una media de entre cinco y diez niños por pueblo durante el mes pasado.
Los habitantes de estos pueblos informaron de la aparición de brotes de enfermedades respiratorias, exacerbadas
por la escasez de comida y por las bajas temperaturas, que llegaron a alcanzar los 30 grados bajo cero.
"He atendido a 160 pacientes sólo en dos pueblos, de los cuales 14 han muerto", explicó Wahidullah Habibi, un médico
afgano que colabora con el Socorro Católico.
"No disponen de alimentos. Algunas personas han muerto por congelación al intentar buscarlos en otros pueblos".
"También se carece de la información más elemental sobre salud e higiene. No tienen ni ropa para vestir a sus hijos".
"Si repartiésemos todas las medicinas que se necesitan en esos dos pueblos, no nos quedaría nada durante una semana".
Hay 270 pueblos en el distrito de Tulak y alrededor de 1.000 en toda la provincia de Ghor.
En Gar-e-Hasar, un pueblo formado por 75 familias situado justo al otro lado del Paso de Janak (a casi 3.000 metros
de altitud), los vecinos han informado de la muerte de siete niños y seis adultos durante el mes pasado. La noche que llegamos,
una niña de dos años llamada Bibi Gul, que era uno de los 13 niños enfermos, estaba a punto de morir de neumonía.
Su bajo peso era crónico. Su padre explicó que su alimentación no consistía más que en pan y té, como la de otros
habitantes del pueblo. Su madre dejó de darle el pecho después de un año porque en el pueblo se creía que no reportaba ningún beneficio
para la niña.
Cuando nos marchamos aún seguía viva y mejoraba poco a poco con los antibióticos que le suministraron los cooperantes.
En Dehan, a unos siete kilómetros, donde viven 80 familias, los vecinos contabilizaron 19 muertes infantiles. Formado
por casas bajas de ladrillo de barro que colgaban de las áridas laderas del valle Gaw Kusht, el pueblo no tenía ningún sistema de
eliminación de basuras y estaba rodeado de excrementos.
"Mi hijo de un año murió hace 25 días", explicó Mullah Ahmed, quien describió cómo el cuerpo del niño había ennegrecido
antes de fallecer, un síntoma de la neumonía. Los vecinos del pueblo afirmaron que viajaban seis horas al día para recoger leña.
En algunas zonas incluso tuvieron que quemar parte de los tejados para calentarse y comer el ganado y las semillas reservadas para
el año siguiente.
La ONU y el gobierno afgano han mostrado su escepticismo por las cifras de mortalidad infantil que se están facilitando
en la provincia y han insinuado que se han exagerado.
"Lo pasamos fatal para preguntarles a los vecinos si han exagerado la cifra de mortalidad infantil porque creen
que el número puede estar relacionado con la ayuda que van a recibir", afirmó Donal Reilly, miembro del Socorro Católico. "Hemos
preguntado a personas de ambos lados del valle y todos dicen lo mismo. Sólo podemos creerles. La gente está acudiendo a demasiados
entierros para que esto sea un gran montaje".
Los responsables de Tulak negaron la posibilidad de que los habitantes del pueblo hayan mentido acerca de las muertes
infantiles para obtener ayuda.
La provincia de Ghor no ha visto casi nada de los miles de millones de dólares de ayuda internacional enviados
a Afganistán desde 2001, y se encuentra sumida en un estado de desarrollo casi medieval.
Cuando un coche de una organización humanitaria llegó en junio al valle, que antes era prácticamente inaccesible,
los vecinos, que nunca antes habían visto un coche, intentaron darle hierba para comer.
Durante siete años la región se ha visto asolada por la sequía. Por término medio, los habitantes de la provincia
de Ghor viven con la mitad o los tres cuartos de las necesidades calóricas diarias.
"Los 25 años de guerra y después la sequía han destruído toda infraestructura", dijo Haji Abdul Satir Khan, gobernador
del distrito de Tulak. "Ahora hemos tenido que soportar este horrible invierno sin ayuda de nadie".
Los cooperantes culpan de las muertes registradas a la falta de previsión después de muchos inviernos suaves, así
como al debilitado sistema inmunitario de la población debido a la sequía, la pobreza y la falta de instalaciones sanitarias.
Trad.: Carolina Prieto Trigo (Universidad de Salamanca)
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